Ikebana: arte floral japonés aliado de la decoración

Ikebana: arte floral japonés aliado de la decoración

El arte floral japonés más conocido como “Ikebana”, es una de las más hermosas manifestaciones artísticas de la cultura japonesa.

Es una técnica milenaria que se constituye no sólo en una magnífica herramienta de decoración, sino también en un aporte al sosiego del alma y la belleza del hogar.

Esta técnica con los años se ha extendido a las diferentes latitudes del mundo. Siempre como sinónimo de concentración y tranquilidad.

El término Ikebana (o kado), se traduce como “dar vida a las flores”. Específicamente “kado” significa “el camino de las flores”.

Por ello, el Ikebana es un arte japonés que enseña a disponer las flores de forma decorativa con el fin de transmitir la idea mística de la perfección.

El origen de este arte milenario se remonta al siglo VI con la introducción del budismo en Japón. Para esa época, el sacerdote budista Ono-No-Imoko, no de acuerdo con la forma en que los consejeros místicos disponían los altares de las ofrendas, propuso nuevas formas para simbolizar el universo.

Y lo hizo a través de los arreglos florales.

Imoko hizo diseños con ramas y flores que iban hacia arriba y se dividían en grupos de tres con el fin de representar la relación entre el cielo, la tierra y el hombre.

La historia no lo asegura, pero tal vez en el siglo XV con la llegada del Renacimiento italiano, el arte japonés tuvo un despertar. La poesía, el teatro y el Ikebana, también trascendieron y la técnica se extendió a cientos de hogares y talleres en todo el mundo.

Hoy en día es una práctica en honor a la espiritualidad y a la vida.

Arte floral japonés para el mundo

La estructura clásica del Ikebana está basada en tres puntos cuya unión es conocida como “Taison Fuku”, así:

  • El tallo más alto es la representación del cielo (Shin).
  • El más bajo representa la Tierra (Soe).
  • La flora central representa al hombre (Hikae), como el nexo de los dos primeros.

Para elaborar un Ikebana, además de las flores se utilizan hojas, semillas, ramas y frutos.

Durante su elaboración, las flores se fijan a un “kenzan”, una base con cerdas puntiagudas. Luego se introducen en un recipiente lleno de agua.

Esta muestra de arte se integra a la perfección con el minimalismo.

Todo porque emplea un mínimo número de flores que pueden ser distribuidas como una especie de triángulo escaleno demarcado por sus tres puntos principales.

Los diseños son pequeños y duran poco, ya que a las 24 horas las flores comienzan a marchitarse. Y es un símbolo de lo efímera que es la naturaleza, un concepto muy ligado a la cultura japonesa.

La muerte de la flor evoca el disfrute del momento presente. Es un homenaje al “carpe diem”.

 

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